domingo, 4 de enero de 2015

Ser funciones

Cuando alguien te dice que eres una función, pareciera que te están tratando como un objeto al cual ya no se le puede actualizar, pero en una relación, ya sea amistosa o amorosa ¿Quién nos dice qué función es la que somos?

No cabe duda que cuando aparecemos en la vida de una persona, es por algo, pero no se trata de que ese individuo, al que le hemos dado nuestro cariño, defina qué función tendremos en ese camino, sino de que compartamos diferentes cualidades para ser mejores.

Las personas te limitan cuando de funciones se trata, sin darse cuenta que somos capaces de actuar para algo más.

Tener una función, es como tener un botón de reinicio, no es cuestión de que funciones para algo en específico, sino de que nuestras características sirvan para ser parte de la vida de alguien.

No podemos vivir asignándole funciones a las personas, porque entonces las limitaríamos. Es recomendable que dejemos que las personas nos den lo bueno de ellas, aunque creamos que no son aptas para esa función.

Nos la pasamos fingiendo cosas que no son, para que al final todo resulte por lo que es, una mentira. Si no cumplimos con la función que esa personas nos asignó, como si fueran etiquetas para identificar algo, dan por hecho que nuestros consejos, opiniones e incluso acciones no tienen ningún valor y por lo tanto nos dejan claro que no tenemos un rol real en su vida.

Tal vez, esa sea la razón principal por la que las relaciones ya sean amorosas o amistosas acaban, porque las funciones no coinciden y no tanto por la tan llamada, incompatibilidad de caracteres, sino por ser unos necios en cuestión de relaciones.

Si no tenemos clara nuestra función en la vida de una persona, no tiene caso seguir compartiendo ese camino, porque las relaciones se tratan de ser recíprocos y cuando eso no existe, aunque la relación siga, las funciones solo serán una meta obsoleta.


Sin función no hay acción

Love of my life

No hay comentarios:

Publicar un comentario