Navegar en esta sociedad con banderita de honestidad a veces suele ser complicado, ya que no solemos ser honestos ni con nosotros mismos.
Nos convencemos con pensamientos y sentimientos que ni existen, solo que los usamos para refugiarnos.
Tantas veces pedimos honestidad que evitamos reflexionar si realmente estamos listos para tener personas honestas en nuestra vida. No sabemos aprovecharlas por miedo a que se enojen o a que no entiendan nuestro punto de vista.
En pocas palabras, somos honestamente tontos, porque si habláramos siempre con la verdad de nuestros pensamientos y sentimientos, no habría interpretaciones o juicios que nos ponen a la defensiva y que solo logran alejarnos de las personas que alguna vez, intentaron ser honestos ante nosotros o con las que pudimos haber hablado con la verdad, sin embargo, elegimos el camino fácil: callarnos para no perderlas.
Simple, la honestidad no es como el dolar, que sube y baja, la honestidad está o no en nuestras vidas, va ligada a la confianza, que si no la utilizas y la cuidas tiende a desaparecer.
Es por ello, que ser honestos no se trata de que te beneficie o no, debe ayudarte a permanecer con personas que valgan la pena.
Huir no te hace victorioso, ser honesto te hace valioso, porque el valor es la esencia de las cosas que dices aunque esa persona se enoje.
Love of my life
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